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19 de septiembre de 2017

Hoy es 19 septiembre 2017. No es un buen día y los siguientes días tampoco los serán.

MABEL MILÁN / Colaboradora Central de Noticias MX
CUERNAVACA, MORELOS. Hoy es 19 septiembre 2017. No es un buen día y los siguientes días tampoco los serán.
Hoy a la 1:14 de la tarde un terremoto sacudió mi hogar y a mí adentro de él.
Me atrevo a decir que no solo fue mi casa lo que sacudió: cimientos, varillas, muros; este día se sacudió también mi vida, mi vida llena de emociones mezcladas: sorpresa, temor, ansiedad, preocupación, tristeza y amor, sí, amor, ya que en lo primero que pensé fue en mi pequeño hijo de apenas 5 años de edad, el cual en ese momento estaba apartado de mí, de antemano sabía que estaba en la escuela, pero también sabía que este terremoto era de los que causaban tragedias.
Con gritos y llanto bajé a toda velocidad las escaleras, aterrada; al salir de mi hogar observé a gente que no conocía y que su primera reacción fue abrazarme y decirme que todo estaba bien.
Pasando los segundo me percaté que esa gente, que jamás había visto, eran mis vecinos y que a pesar de vivir 3 años en este domicilio, no nos conocíamos, sin embargo, me extendieron sus brazos en ese momento de tanta angustia.
Al estar más tranquila tomé de inmediato las llaves de mi auto con destino al colegio de hijo y cuando regularmente tardó algunos minutos en llegar, este día tardé dos horas, las dos horas más largas de mi vida.
Cabe mencionar que este día el tráfico fue diferente, pues a pesar del caos y estrés los automovilistas se mostraron cordiales y brindaron ayuda para agilizar las vías.
Al llegar al colegio de mi hijo y observarlo sentí un enorme alivio que me permitió respirar con serenidad, ante toda este situación por un momento pensé en llamar a mi esposo, sin embargo sé que en un terrible día como este no puedo contar con su apoyo, y no porque él no quiera, simplemente porque es militar: su trabajo es proteger y rescatar a la población antes que a su familia, así que viví esta angustia, desesperación y preocupación sola.
El resto del día fue aún más devastador al ver en la televisión todas las malas noticias que consternaban en nuestro País debido a este terremoto.
No me percate que mi pequeño estaba a un lado de mí observado el televisor… al verlo miré sus ojos llenos de miedo y nostalgia preguntándome “¿cuándo llegará papá”.
Me rompía el corazón no tenerle una respuesta a su pregunta y hasta la fecha no la tengo, sé que él está bien y entregándose en cuerpo y alma a su deber, que es proteger a la población que a pesar de ser señalado, criticado, entre muchos prejuicios más, él está ahí salvando una vida, una vida que probablemente en un pasando lo desprestigió.
Para no hacer esta historia larga, al llegar la noche del 19 de septiembre despertó un temor en mí que nunca había experimentado, y así fue hasta las 6:00 de la mañana del siguiente día que pude cerrar mis ojos solamente una hora y “descansar”.
Al despertar, aún preocupada, decidí que tenía que tomar una decisión, quedarme en casa con pánico transmitiéndole eso a mi hijo o canalizar todo lo trágico, ayudando a personas afectadas ante esta situación.
Por supuesto tomé la segunda opción.
Con el poco dinero disponible que tenía me dirigí con mi hijo al supermercado con el objetivo de comprar víveres para las personas damnificadas, al estar en el interior del lugar me conmovió ver a tantas familias comprando diversas cantidades de productos para llevar a los albergues.
Ya terminadas las compras, al ir conduciendo observaba la solidaridad de mi gente morelense y esto comenzó a despertar una gran sonrisa en mi rostro, una sonrisa que supuse tardaría tiempo en aparecer, pero realmente era impresionante la movilización de personas ayudando a otras personas.
Centros de acopio en cada kilómetro, pancartas de apoyo, voluntarios en cada esquina, vehículos en apoyo para la repartición de víveres.
El ver todo esto y sin tener un plan previsto de mi día, decidí enlistar mi camioneta para apoyo en la entrega de despensas.
Llegué y al estacionarme de inmediato, realmente al instante, comenzaron a subir cajas y más cajas llenas de suministros y lo más interesante era que personas que yo no conocía abordaban mi camioneta con una alegría y motivación que al momento nos trasmitieron a mi hijo y a mí.
Así fue como seguimos nuestro primer curso como voluntarios, dejando cajas en albergues, arrebatando un poco tristeza e inyectado alegría y todo el primer día fue gratamente satisfactorio, sin embargo al segundo día comencé a ver detalles que me incomodaron.
Desde voluntarios irrespetuosos, flojos, que solo iban a echar relajo y me atrevo a decir que a gorrear comida.
En cada localidad que nos deteníamos había algunos voluntarios que de inmediato se dirigían al área donde ofrecían comida gratuita a los voluntarios o damnificados, comprendo que quizás en el transcurso del día lo haces en una ocasión por cuestión de hambre y cansancio, pero cuatro veces en un solo día me pareció muy inapropiado.
También observé al oportunista que se aprovecha de las tragedias y que se forma tres veces para recibir despensa, y no le bastó con una despensa por vez, ya que también formó a la esposa, la hija, el hijo y la tía, también está el abusivo que llega en su vehículo particular, bañado y perfumado, exigiendo despensas para llevar, al momento de cuestionarlo le ofrecí comida preparada del albergue, pero arrogantemente me contestó que no, que él quería despensas.

Entiendo la necesitad, pero también la veo y él no parecía ser una persona con una gran necesitad, sin embargo le di los víveres porque no hay tiempo de ponerse a investigar.
Algo que llamó mucho mi atención fue ver a los voluntarios abriendo productos y consumiéndolos para saciarse. Quede devastada otra vez.
Pero estoy segura que somos más los buenos que los malos, este nuevo México que nació en tan solo minutos es un México que me ha demostrado que no somos el País en el que se friegan unos a los otros, surgió un México que en lugar de herirnos y mentarnos la madre en el tráfico todos los días, es solidario.
El cariño de hermanos, uniéndonos hombro a hombro, sin importar religión, estatus social, creencias políticas, niños y adultos mayores, todos y cada uno de los mexicanos luchamos por nuestro México, removiendo escombros, regalando comida, donando despensa, albergando extraños, entre otras labores solidarias.
Esto y más he apreciado en el transcurso de los días, este nuevo México me ha impulsado a continuar como voluntaria, a no soltarlo de mi mano.
Algo de lo que viví fue el caso de Don Juanito, un señor de escasos recursos habitante de Jojutla, Morelos, al acercarme a su domicilio destrozado y ofrecerle víveres sus palabras textuales fueron las siguientes: “No, a mí no me den nada, sí, una parte de mi casa se dañó, pero yo ahí tengo cemento y aún tengo trabajo para ir arreglándole poco a poco. Denle mi despensa a quien si lo necesite”.
Este tipo de acciones que nos llenan el corazón a nosotros los voluntarios, que nos inspiran y nos hacen dejar la rutina para ayudar al vulnerable volviéndolo un hermano.
Esta tragedia me obligó a ver a México, a dejar mi egoísmo atrás y pensar en el bien de los demás, porque ante tan devastadora desgracia, México está más unido que nunca, porque ahora colaboro de la mano con quien quizás en algún momento me ofendió, agredió o lastimó, porque este nuevo México me ha demostrado que es fuerte y hermano.
Éste es el México en el que quiero vivir, un País que ha impresionado al mundo entero y no por su política, sino por el valor, entrega y cariño de ciudadanos, arriesgando su vida por otros ciudadanos.
No soltemos a este México de las manos porque todo lo anterior suena maravilloso, pero nunca faltan los políticos queriendo sacar algo ante la devastación y tristeza ajena, como es el caso de nuestro Gobernador Graco Ramirez y Elena Cepeda, su ineficaz esposa presidenta del DIF Morelos.
Ahora los vemos secuestrando tráileres con víveres, los cuales son enviados por empresas privadas de otros estados de la República, todo este circo político con el fin de etiquetar con su partido, el PRD, cada una de las despensas entregadas a las familias damnificadas ¿Y que gana con todo esto? Recibir agradecimientos y obtener puntos para su futura candidatura a la Presidencia de la República.

Pero aquí estamos los buenos de la historia, a los que el Gobierno nos quiere hace ver ante la sociedad como los malos, nos acusan de saquear los camiones que Graco tiene secuestrados.
Efectivamente los saqueamos, pero con el objetivo de entregar cada lata, arroz, cobija a las comunidades dañadas, sin fines políticos, sin etiquetas, por darle un lugar a ti como ciudadano voluntario, rescatista, donador, periodista, entre otras personas que aparecen en el anonimato.
A cada uno de ustedes muchas gracias y ahora más que nunca Viva México.

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