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EXILIA SISMO A TRABAJADORES DE JOJUTLA

El sismo del 19 de septiembre mantiene detenida la actividad económica en Jojutla y ello ha obligado a cientos de personas a huir de las comunidad de ese municipio en busca de oportunidades laborales, lo que ha separado familias.

EXILIA SISMO A TRABAJADORES DE JOJUTLA

 

JOJUTLA, MORELOS. El sismo del 19 de septiembre todavía deja sentir sus efectos entre los  habitantes del Municipio de Jojutla, uno de los más dañados por el terremoto.

 

La destrucción de miles de casas y negocios, el proceso de reconstrucción que apenas inicia, los daños emocionales y físicos que dejó en cientos de familias ha provocado, entre otras cosas, que la actividad económica no se reactive en las comunidades de este municipio del sur de Morelos.

 

Ante el cierre de negocios y empresas cientos de personas en edad laboral han decidido huir de Jojutla en busca de oportunidades de trabajo.

 

“Muchas personas se han ido buscando trabajo en otro lado porque muchas veces, muchos de sus negocios se vieron afectados y muchos de sus trabajos, de sus ingresos y tuvieron que migrar a otro lado”, expresó Luis Alberto Bravo  López, uno de los jóvenes damnificados habitantes de la Colonia Emiliano Zapata, en Jojutla.

 

Es el caso de su primo Moisés, quien tras el sismo no logró encontrar trabajo como mesero.

 

“Un familiar que trabajaba de mesero en un restaurante de Jojutla y pues fue afectado y lo corrieron a él y a todos los empleados de ahí y está buscando trabajo en un restaurante, pero en las afueras de Jojutla y sí le afecta porque tiene que trasladarse porque antes era un gasto que no tenía contemplado, los pasajes y eso pues sí le está afectando”, dijo Luis Alberto.

 

Pero la búsqueda de empleo ha orillado a familias a separarse físicamente.

 

Tras seis años de feliz matrimonio, Adriana Tinoco y su esposo, José Vicente, tuvieron que separarse.

 

“Mi fuente de trabajo era de elotes y esquites, la casa de mi tío pues me aplastó tres carros, salgo a trabajar ahorita nada más con uno y como no tenemos para movernos, o sea, en todo Jojutla, toda la ruta que teníamos para vender, pues quedó cerrada, mi esposo tuvo que salir a trabajar fuera2, contó la mujer.

 

Fue en León, Guajanjuato donde Vicente encontró un trabajo que le permite a su familia no depender de la ayuda humanitaria en Jojutla.

 

“Eso fue lo que él me dijo, que se iba ir a trabajar fuera porque la verdad aquí él dice, ‘ajá, no vamos a estar siempre en espera de que nos den ayuda, despensa o de comida, él no quiso estar atenido a eso, él lo que quiso es luchar y trabajar para poder mandar algo seguro y no estar con la esperanza de que nos traigan de comer o que nos traigan despensas o de que nos llegue o no nos llegue, él dice que lo  único que quería es que a nosotros no nos falte nada, con ese anhelo se fue él a trabajar afuera”, contó.

 

 

La  separación se suma a la tragedia que desde el 19 de septiembre su familia ha padecido.

 

Perdieron su patrimonio y su negocio de venta de elotes y esquites se vino abajo.

 

“La verdad es muy triste, muy triste porque yo la verdad sí quisiera que él estuviera acá, pero pues las circunstancias son muy contradictorias, porque aunque uno lo quisiera aquí tiene que estar trabajando para poder mandar dinero, la verdad así es”, expresó.

 

Y aunque existía la posibilidad de retomar su trabajo y vender elotes y esquites por las calles de Jojutla, Vicente decidió poner distancia, pues su bondad, cuenta su esposa, no le habría permitido vender su mercancía a las familias damnificadas.

 

“Él me dijo, mija, yo me voy a trabajar fuera porque si yo agarro el único carrito bueno que me quedó y voy a ir en las calles viendo las casas tiradas, viendo mis clientes sin dinero, en vez de vender mis elotes, los voy a regalar,  dice, por eso prefiero irme, me duele porque nosotros nunca nos hemos separado, siempre hemos estado juntos, vendiendo los dos juntos, pero con este problema él sí se tuvo que ir y con ese fin lo hizo, de irse para poder mandarme algo de dinero”, expresó Adriana.

 

Mujeres que durante años habían encontrado en negocios propios una forma de ganarse la vida, hoy están desempeladas.

 

“Tenía una tiendita y también la perdí. Ahorita ha sido muy difícil, pero ahorita con las ayudas que nos han llegado pues la hemos ido pasando. Ahorita ya estoy trabajando, bueno, mi hermana me empleó haciéndole el aseo y pues ahorita es poco el dinero que he tenido, pero pues ahí vamos, ahí vamos”, dijo Hortencia Navarro.

 

Uno de los casos que más entristece a los habitantes de la Colonia Zapata es el de Doña Inocente Romero, quien con más de 60 años de edad subsistía gracias a la venta del pozole que preparaba.

 

Hoy no tiene ni un sitio para preparar y vender la comida. Tampoco hay clientes que le consuman.

 

Por su edad, dijo, ya nadie la contrata.

 

“Estamos completamente sin trabajo y pues tú sabes que diario aunque sea para las tortillas tenemos que tener, pero dicen que no es nada imposible con la ayuda de Dios, nuestro señor, porque él nos ha ayudado y nos ha fortalecido para salir de esta situación que nosotros jamás en la vida nos lo esperábamos. Yo tenía un negocito de vender pozole y desde esa fecha hasta acá no hemos podido retomar. Ahora, yo ya soy una persona mayor, ya no me dan trabajo”, expresó.

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