Opinión | El país de la fantasía | Otto Alberto Pérez

Otto Alberto Pérez

La realidad alcanza al Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, quién insiste en negar la violencia sistemática que viven las mujeres, la pérdida de 8 empleos por minuto, el aumento de los homicidios, la permisión de la operación del crimen organizado al entregar despensas a los sectores más vulnerables del país y las dudosas cifras de decesos reportadas de la pandemia por la covid-19.

En el país de los otros datos, Andrés Manuel López Obrador ve las cifras de violencia familiar cómo un complot para desestabilizar su gobierno, incluso asegura que el 90% de las llamadas para denunciar agresiones contra las mujeres durante el período de confinamiento al 911 son falsas.

La realidad es que durante el mes de marzo, cada hora se abrieron 27 carpetas de investigación por violencia familiar, sumando 20 mil 200, esto según cifras de la asociación feminista Equis Justicia; además que durante el mes de abril, se incrementó en 77% la atención a menores y mujeres en los refugios para atender esta situación, según el colectivo Red Nacional de Refugios AC.

Las incongruencias del mandatario, que asegura que el confinamiento ha sido visto por las y los ciudadanos como “algo positivo y como un tiempo de unidad”, han hecho que la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero tenga que recular las lamentables declaraciones aceptando que la violencia hacia las mujeres por el machismo no ha disminuido.

De acuerdo a cifras oficiales, durante los dos primeros meses de la contingencia provocada por el coronavirus se han perpetrado 148 feminicidios, 78 en el mes de marzo y 70 en abril. En los primeros 4 meses de este 2020, suman un total de 314.

La realidad alterna parece ser extensiva a algunos miembros del gabinete, como es el caso del Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, quien celebra que las cifras de homicidios dolosos disminuyan durante su gestión y vayan contra el conteo histórico ascendente.

Según datos del del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, tan sólo en abril se contabilizaron 2 mil 950 homicidios dolosos, 50 menos que el mes anterior donde se registraron 3 mil, lo que motivó el optimismo del funcionario. Durante 2020, se han perpetrado 11 mil 535.

Ante este panorama, parece irrisorio que López Obrador pretenda sustituir la medición del Producto Interno Bruto como principal indicador del crecimiento económico del país por una medición del bienestar de las y los mexicanos.

Si esto se hiciera, se tendría que tomar en cuenta el indicador How is Life, realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) el cual analiza 11 temas, vivienda, ingresos, empleo, comunidad, balance entre vida personal y trabajo, educación, medio ambiente, compromiso cívico, salud, satisfacción con la vida y seguridad.

Tan sólo en el rubro de ingresos, según información del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) en 2018, se registró que el 29.3% de las y los mexicanos cuentan con carencias sociales, 6.9% tienen ingresos bajos, 41.9% de los mexicanos se encuentra en situación de pobreza y el 7.4% se encuentra en pobreza extrema.

En este contexto, el Presidente de México, desestima las advertencias de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), que indican que
se están perdiendo 8 puestos de trabajo por minuto y que de continuar esta tendencia, la pérdida acumulada para finales de junio será de 1.3 millones de empleos, además de negarse a apoyar medidas propuestas por la industria privada como el salario solidario, la cual busca mantener los salarios íntegros de los trabajadores que ganan de 1 a 3 salarios mínimos con aportaciones del Gobierno.

Bajo el argumento que los empresarios son corruptos y la promesa de generar 2 millones de empleos antes que termine este 2020, AMLO minimiza que durante todo el 2019 sólo se crearon tan solo 680 mil empleos, es decir la mitad de los que se estiman se pierdan al mes de junio.

Una vez más, las palabras de López Obrador suenan más a una utopía que a una estrategia que permita enfrentar la realidad, la que vivimos a diario, una muy distinta a la que vive el Presidente.


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