Opinión

#Opinión | Adiós al 2020, el año en el que el mundo se detuvo

Ha sido un año muy doloroso y terrible, pero no debemos olvidar que de las situaciones más difíciles se tienen los más grandes y significativos aprendizajes.

Culmina un año que ha marcado un precedente para la humanidad ante una horrorosa pandemia que ha dejado millones de víctimas y una crisis económica abrumadora, sin duda un año que quisiéramos muchos borrar, pero del que debemos aprender que somos más vulnerables de lo que creíamos ser, que no podemos seguir construyendo modelos de crecimiento económico sin sustentabilidad, que no somos ajenos a un ecosistema viviente que exige cambios y transformaciones en nuestros combustibles no renovables, que las políticas gubernamentales sin el sustento y respaldo científico no es más que una irresponsabilidad demagógica.

Sabíamos que el siglo XXI traería grandes cambios, sin embargo, nunca nos imaginamos que sería a partir de la segunda década cuando a través de una situación tan difícil, complicada y dolorosa de un pequeño virus se generaría el parteaguas de la humanidad, hacernos reflexionar que pese a los avances científicos en el que maravillosamente a un año de esta pesadilla ya se tenga una vacuna que deja entre ver la luz al final del túnel, siempre estaremos un paso atrás ante la fuerza de la naturaleza, con un cambio climático que no se detiene y en el que en los próximos años y décadas estaremos padeciendo esas consecuencias con desplazamientos forzosos, conflictos por los recursos naturales, exacerbación migratoria y mayores desigualdades y pobreza social.

Las grandes crisis siempre develan las verdaderas realidades tras el telón del engaño político y esta crisis sanitaria que marcó el 2020 ha rebasado a gobiernos omisos, líderes irresponsables y sociedades incrédulas.

Ha sido un año muy doloroso y terrible, pero no debemos olvidar que de las situaciones más difíciles se tienen los más grandes y significativos aprendizajes. 

Hoy más que nunca debemos tener claro que la inversión en ciencia, investigación, educación e innovación son claves para disminuir nuestra dependencia en un modelo de desarrollo que está cambiando hacia nuevos polos de poder, en el que un gobierno funcional no se basa en líderes mesiánicos con medidas populistas, sino con equipos de trabajo profesionales y sólidos, capaces de adaptarse a las nuevas necesidades y realidades en un mundo convulso. 

Tras lo anterior, el 2021 será el año del cambio generacional que incida verdaderamente en la vida política y social de las comunidades bajo la innovación en las políticas económicas sustentables y socialmente sostenibles con la utilización de nuevas herramientas y plataformas tecnológicas, pero sobre todo una generación que entienda que la limitación material de la fragilidad humana es una constante que debemos entenderla bajo la conciencia interna afrontando cualquier adversidad con la solidaridad y empatía colectiva.

Twitter: @RicardoAlmanza1

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