Las ofrendas son instaladas tanto por familiares del difunto como los miembros de la comunidad que visitan a los deudos para acompañarlos a recibir el alma de su familiar.
La ofrenda de muertos de Tochimilco consiste en la instalación de un altar de forma piramidal fabricado con una estructura de madera, y con forro en papel blanco de cuatro niveles, cada uno con un simbolismo en particular.
- Primer nivel, representa la tierra.
- Segundo nivel, simboliza al «cuerpo».
- Tercer nivel, refleja el «paso de la vida a la muerte».
- Cuarto nivel, muestra al cielo como destino principal representado casi siempre por una estructura que semeja un templo católico.
Las técnicas artesanales tradicionales están presentes en la elaboración de la ofrenda de muertos de Tochimilco, además de otros objetos como el pan, las ceras escamadas, las servilletas bordadas, los destilados frutales; todos fabricados por miembros de la comunidad.
En la elaboración de los altares participan carpinteros, artesanos del papel picado, artesanos de la cera, floristas, cocineros tradicionales, panaderos y dulceros.
La gastronomía también cobra relevancia, ya que la gente acostumbra a elaborar mole de olores, el pipián verde o rojo, el guaxmole, el atole, los tamales rellenos de frijol y los panes de muerto; además de la elaboración de dulces típicos de temporada como los mamones y las figuras de alfeñique o chocolate.
En el Tochimilco se explica que esta manifestación «tiene su origen en el periodo prehispánico, en los rituales mortuorios destinados a encaminar el ‘alma’ del difunto hacia el más allá, los cuales servían además para asumir culturalmente la degradación orgánica del cuerpo y para que los deudos sobrellevaran de manera catártica el dolor emocional por la pérdida».
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