Por Yo También
Entre los 17 y los 20 años de edad, la mayoría de las mujeres con discapacidad enfrentará su primera experiencia de violencia de pareja; para muchas víctimas, inicia entonces una espiral de golpes, amenazas, insultos y otras agresiones que viven, casi siempre, en silencio y soledad.
Ante la violencia sufrida a manos de la pareja, menos del 10 por ciento de las víctimas realizará una denuncia, lo que intensifica todavía más la vulnerabilidad de las mujeres con discapacidad que sufren estas agresiones.
El panorama descrito corresponde a los resultados de la primera Encuesta Nacional sobre la violencia hacia mujeres con discapacidad en la pareja, realizada por el Centro Interdisciplinario de Derechos Infancia y Parentalidad AC (CIDIP) con apoyo del Instituto de las Personas con Discapacidad de la Ciudad de México (Indiscapacidad).
La presentación, hecha en la víspera del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, dio cuenta de cómo cuando a la violencia de género se suma una condición de discapacidad, la vulnerabilidad aumenta y, con ella, la dificultad de romper con las agresiones.
Las amenazas de quitar ayudas técnicas como sillas de ruedas, medicamentos o dejar de dar el cuidado que exige una discapacidad o incluso de internar a las mujeres en instituciones psiquiátricas forman parte del entorno violento al que se enfrentan las víctimas, de acuerdo con los hallazgos, presentados por Yereli Rolander, directora ejecutiva de CIDIP.
La incidencia de las agresiones que sufren las mujeres con discapacidad a manos de su pareja es alta, pues 8 de cada 10 (79.2 por ciento) dijeron haber vivido algún tipo de violencia de su novio/a, esposo/a o pareja sexual, entre ellos, insultos, burlas, críticas, falta de respeto a sus decisiones, ser culpabilizadas, maltrato en público y gritos, entre otras agresiones.
La dependencia económica de las mujeres con discapacidad -con la ausencia de oportunidades de empleo, educación y formación como corolario-, se suma a la vulnerabilidad que enfrentan.
De acuerdo con la encuesta, únicamente 55.5 por ciento de las mujeres con discapacidad cuentan con un trabajo como su fuente de ingreso, el 20.8 vive de apoyos económicos, 9.2 por ciento depende del ingreso de su pareja, un 6.1 del apoyo del gobierno y el 5.8 por ciento de los recursos de una pensión y jubilación. El resto, de acuerdo con los resultados, vive de otro tipo de apoyos como becas académicas o deportivas.
En el apartado sobre violencia económica y patrimonial se encontró que el 40 por ciento de las mujeres con discapacidad habían experimentado situaciones en las que su pareja (actual o pasada) había controlado su dinero.
De este porcentaje, en el 14 por ciento de los casos la pareja había usado sin consentimiento una tarjeta o el dinero de la mujer, al 8 por ciento no la dejan decidir gastos de su casa o hacer gastos sola, al 7 no le dan dinero para gastos de la casa, al 6 por ciento no las dejan trabajar o estudiar y el 3 por ciento fue obligada a entregar su dinero.
La mitad (50 por ciento) de quienes han vivido violencia patrimonial dijeron que su pareja se adueñó de sus cosas, a un 36 por ciento le rompieron documentos y bienes, mientras que en menor proporción hubo mujeres a las que sus parejas les escondieron documentos o les obligaron a poner sus propiedades a nombre de terceros.
Omisión e indiferencia relacionadas con la discapacidad
Los resultados, que serán publicados en semanas próximas, exploraron qué tanto la condición de discapacidad ha sido utilizada por las parejas para generar violencia.
“Incluimos preguntas relacionadas con este tipo de violencia a fin de visibilizar la exposición de las mujeres con discapacidad a un mayor riesgo de sufrir violencia relacionada con factores que incrementan su dependencia respecto de otras personas, haciéndolas vulnerables y privándolas de sus derechos”, explicó Rolander.
Para 8 de cada 10 mujeres con discapacidad (83 por ciento), la omisión e indiferencia de sus parejas -a causa precisamente de su condición-, ha sido una realidad.
De ellas, el 40 por ciento declaró que su pareja las había ignorado en al menos una ocasión, un 30 por ciento había vivido amenazas de ser abandonada.
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