Si a usted le gustan los gatos o tiene uno de estos animales en su hogar, es muy seguro que haya escuchado que a ellos no les gusta el agua y que, de hecho, la rechazan de mil maneras. Sin embargo, esto no es totalmente cierto y en La Red Zoocial le contamos las razones.
Según la Asociación Canadiense de Medicina Veterinaria, los gatos son reacios al agua debido a su origen y procedencia. La mayoría de estos felinos provienen de El Medio Oriente, una región con un clima desértico y donde el agua escasea, motivo que los condicionó a desconfiar de este elemento “simplemente por extrañeza o desconocimiento”. Totalmente diferente a lo que ocurrió con los perros, que eran acostumbrados a desplazarse en espacios llenos de agua.
Otro motivo que suele darse es la reacción que genera el agua en los gatos: como en su pelo, piel y temperatura corporal. No les gusta estar mojados, ni húmedos, pues les resulta muy incómodo para lavarse. También, son animales muy prudentes y desconfiados y este elemento no es el más tranquilo de la naturaleza. Todas estas son más razones de rechazo que de agradecimiento para los gatos.
Sin embargo, con el paso del tiempo, y con su acercamiento a los humanos, los gatos empezaron a interactuar más con el agua, pues se convirtió en un elemento presente y cotidiano en su diario vivir para cazar, socializar y sobrevivir. Así fue como dejaron de percibirla como una rareza.
Cabe recordar que, para los gatos, a diferencia de los caninos, el agua no es sinónimo de limpieza. La saliva de estos animales elimina la grasa del cuerpo, además, con su lengua pueden acicalarse fácilmente dejando a un lado la suciedad. El agua, más que todo, la utilizan como recreación en sus baños, para divertirse bien sea solos o con sus dueños.
Por El Espectador
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