Aunque no es un factor determinante, especialistas advierten que la “narcocultura” ha jugado un papel importante en la reproducción de la violencia y su “normalización” a lo largo de las últimas décadas, pues está fuertemente correlacionada con otros elementos sociales y económicos que han permeado en diferentes sectores de la sociedad y han derivado en la adhesión de más jóvenes a las filas del crimen organizado.
El fenómeno de la narcocultura y la violencia normalizada se acompaña de contextos muy específicos, por ejemplo el hecho de que las personas que se dedican a actividades delictivas, como el crimen organizado, son principalmente hombres.
Para Antonio Barragán Bórquez, maestro en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora, la narcocultura tiene un componente de género muy destacable, sobre todo en cuanto al género masculino, pues se cimenta en las relaciones de género machistas, donde se resaltan valores como el honor, la ostentación y el lujo, así como la predilección hacia ciertos estereotipos de mujeres que otorgan cierto valor a quienes se involucran en el narco.
“Es un movimiento cultural importante en cuanto adoptan ciertas formas de reproducción de violencia”, añadió.
Además de esto, dijo que el consumo musical de los corridos es uno de los principales vehículos para la representación del narco, ya que con la llegada de los “corridos tumbados”, la musicalidad responde a los cambios generacionales en los últimos años, donde la llamada “generación de cristal” se ha incorporado al crimen organizado y ha expresado su sensibilidad característica, influenciada por otros géneros musicales como el reggaetón y el hip hop.
Mientras tanto, Estados Unidos ha logrado capitalizar la culturalización del tráfico de drogas, ya que gran parte de la población latina, sobre todo de ascendencia mexicana, consumen este tipo de productos emanados de la narcocultura, lo que a su vez puede demostrar que por sí misma este marco simbólico no provoca violencia, pues de lo contrario el país vecino del Norte tendría problemas similares a los que ocurren en México.
“Yo creo que la normalización de la violencia habla de un estado psicosocial de la población. Lo que observamos es que la violencia se ha vuelto un fenómeno regular, pero aunque se ha superado a sí misma, no deja de causar asombro, no deja de causar ese rechazo, no deja de ser algo que impacta en la sociedad; tal vez lo que hemos visto no es una normalización, porque sí existe el rechazo a la violencia, quizá lo que tenemos es una sociedad que se ha adaptado a ella”, abundó.
Asimismo, no se puede generalizar que exista una violencia derivada del crimen organizado, pues los estudios indican que las principales víctimas suelen ser varones y adultos jóvenes, mientras que se presentan especialmente en colonias históricamente golpeadas por los rezagos sociales, educativos y de infraestructura, por lo que la violencia en Sonora tiene matices que indican que se trata hechos sistemáticos.
Con información de El Sol de Hermosillo
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