Opinión

#Opinión | Ecos de una bata médica perdida | Dr. Josué Larios Morales

Al empezar esta nota viene a mi memoria el haber realizado mi servicio social médico en la Sierra Norte del estado de Puebla, allá por la jurisdicción sanitaria No. 3, decíamos entre colegas amigos, “allá por donde no pasó solidaridad”.

Me tocó vivir una época post desastre, en aquél entonces la camioneta que llegaba a la comunidad, sólo pasaba los miércoles y viernes, era propiedad de Don Evaristo, quien a su vez nos ayudaba a llevar carne una vez a la semana.

Posterior a las grandes lluvias de esa época, se derrumbaron caminos, y era una verdadera tragedia para las diferentes comunidades de la zona poder transportarse.

El médico pasante, anterior a mi llegada era considerado casi un héroe, porque iba con la gente de la comunidad por los medicamentos, los insumos para las curaciones, jalando un burro y hasta el botiquín, por si se ofrecía en el trayecto. La travesía era como mínimo de un día caminando, con la única intención de ayudar a la comunidad.

En la época post desastre, llegando al Centro de salud, la primeria impresión me la dio una pequeña de 5 años, quien se encontraba esperando con su mamá la llegada del médico pasante para ser atendida.

Yo llegaba con una chamarra casi para soportar el frío de la nieve y un gorro que cubría hasta mis orejas y enfrente de mí estaba Mary, con una pequeña camisa de manga larga, su pantaloncito, descalza y con unas mejillas, rojas, rojas, rojas, acartonadas, pegándole a un tono cobre, terrible y desconsoladora.

Era mi primera experiencia en ese lugar, no supe qué hacer, me quedé estático, ante tal experiencia de vida, que seguramente guardaré hasta el último de mis días. Las conquistas que se hacen, unos la ven y las describen en vivir el día como si fuera el último, otros como Mary, significan el no morir un día cualquiera por un resfriado.

Considero que el servicio social médico es uno de los pasos necesarios e indispensables en la formación médica, es el contacto y roce con las necesidades de la comunidad, en donde muchos entenderán, el por qué nuestra carrera es básicamente humanitaria y social.

Decía un maestro de la universidad, si buscan hacerse ricos en esta carrera, están en el lugar equivocado.

En este periodo de formación médica, olemos, vivimos, las necesidades más básicas y urgentes de nuestro país, sobre todo por la ausencia de servicios básicos, como agua potable, drenaje, electricidad, que son determinantes y con un fuerte impacto en la Salud Pública, más en un contexto en donde más del 50 % de la población, vive en situación de pobreza, y de acuerdo con los últimos datos del INEGI 2021, muchos mexicanos pasaron, de la pobreza, a la pobreza extrema, hablo de 14 millones de personas; de ahí que el servicio social médico tiene que ser una pieza única para terminar de pulir o fortalecer el desarrollo del profesional en salud y a su vez ayude a mejorar las condiciones sanitarias de las diferentes comunidades.

Claro está entonces, que el binomio médico/comunidad, es tan importante como el núcleo médico, y me refiero a la relación médico/paciente, es por ello la urgencia de SALVAR este espacio tan importante dentro del sector salud, la gran tragedia, que representa la muerte de la Dra. Mariana, médico de la universidad de Chiapas, situación que origina la escritura de este texto y la reflexión que conlleva, así como la de los muchos médicos, enfermeras y paramédicos que han muerto en circunstancias similares, con particular importancia las que suceden en el servicio social, por su situación de vulnerabilidad social, ésta tragedia debe ser aclarada. Estos espacios, se encuentran normalmente en lugares alejados de las urbes, en donde se carecen de servicios de vigilancia y seguridad, por mencionar algunas carencias.

Cuando se pone en la palestra nacional nuevamente, la muerte de algún colega, no sólo debe mover las conciencias de las autoridades, también la de la sociedad en general, tratando de buscar las mejores condiciones para el desarrollo de los profesionales, como también de las propias comunidades, en el entendido de que el desarrollo y fortalecimiento de la salud, es una condicionante social de desarrollo y por lo tanto a todos atañe el proteger los servicios de salud, es un activo social de vital importancia para el desarrollo del país.

Va un llamado enérgico a las autoridades a todos los niveles, universidades, liderazgos de las comunidades y a la comunidad en general, para entrar más que en ámbito de reflexión, dar paso a las acciones que mitiguen este gran desafío y desgracia.

Cuando nos quitan a un médico, como es el caso de la Dra. Mariana, se están llevando no sólo un miembro de nuestra comunidad, se llevan una parte esencial de cada médico, de este hermoso país y del ya de por sí golpeado sector salud, justo cuando más los necesitamos, durante una pandemia como la que estamos viviendo, ¿Cuántos diagnósticos no hechos por la Dra. Mariana? ¿Cuántas vidas salvó? ¿Cuántas vidas pudo haber salvado? ¿Qué impacto tendrá en la salud pública comunitaria?

Son preguntas sin respuesta, porque una bata más ha sido perdida en esta cruel, injusta e inhumana batalla de gente sin escrúpulos, de autoridades omisas ante los gritos de una joven que sufrió agresiones y las reportó y no hicieron caso, solo hubo cambios de horario de ella y su presunto agresor.

La respuesta del estado debe y deberá ser contundente en este momento, en donde la sociedad reclama respuestas y atención ante lo que representa la gran tragedia mexicana de un silencio cómplice y ensordecedor.

Mi solidaridad con los médicos pasantes y el sector salud de mi país, pero principalmente con la familia de la Dra. Mariana, abrazo fraternal.

Dr. Josué Larios Morales


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