De acuerdo con especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia, la reintegración del torreón forma parte de la historia del propio elemento arquitectónico, el cual se agregó hace más de 110 años en la esquina norponiente del Palacio de Cortés, con motivo de los festejos del centenario de la Independencia.
Fernando Duarte Soriano, Jefe del Área de Monumentos Históricos del Centro INAH-Morelos, informó que este agregado se construyó con deficiencias en puntos de anclaje, por lo que durante el movimiento sísmico del 19 de septiembre de 2017 se comportó “como un salero encima de una mesa que es removida”.

Añadió que debido a los desplazamientos del edificio histórico, el torreón tuvo problemas estructurales en su base, ya que estuvo sometida a esfuerzos de torsión.
“Esto se tradujo en tres fallas cortantes: en su base constructiva, en la base del reloj que estaba apoyado en cuatro puntos con una estructura metálica, más las oquedades de las carátulas, y una última, a nivel de la cubierta y la decoración sobresaliente”, expresó.
A fin de prevenir un colapso, se llevó a cabo el desmantelamiento controlado del torreón, de 2.84 metros de diámetro y más de 6 metros de altura, que originalmente se edificó con materiales como piedra de origen volcánico y tabique rojo, mientras que la cantera labrada se utilizó para los elementos decorativos de su parte superior.
Bajo el asesoramiento del ingeniero Roberto Sánchez Ramírez, especialista en seguridad estructural de inmuebles históricos, la iniciativa involucró a expertos en restauración de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del INAH, de la Sección de Monumentos Históricos del Centro INAH Morelos y de la empresa Escoda.
Considerando los avances en la materia y en apego a las normas nacionales e internacionales sobre conservación y restauración, se determinó sustituir el elemento original por una estructura con una placa de acero en su base, así como madera tratada con capa antiinflamable en toda la parte de elevación.
El uso de estos materiales permitió disminuir de 40 a 2 toneladas las cargas del torreón.

“El modelo es una retícula compuesta por más de 8 mil piezas de madera de 30 centímetros de base por 40 centímetros de alto, en promedio, colocadas radialmente desde su base con placas de acero; y por ambas caras, fue revestida con una base de cemento laminado y una malla de fibra de vidrio polimerizada, lo que proporciona solidez a los recubrimientos.
“Aunque este diseño, que en su cubierta interna aloja también un pararrayos, garantiza la estabilidad del torreón, será necesario un mantenimiento bianual para evitar filtraciones de humedad y demás factores dañinos”, agregó Duarte Soriano.
La restitución de la maquinaria y las carátulas de los relojes estuvo a cargo de una empresa de Zacatlán de las Manzanas, Puebla, especializada en relojes monumentales.
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